Publicado por Victor Iglesias Gois | 1 Abril 2009

Duerme

Sabes amor, cierra los ojos y duerme…
tomaré de la mano tu sueño y te llevaré de paseo,
no por esos lugares que acostumbramos a ir
hoy será a un lugar muy bello,
viajaremos tu y yo, adentro de ti, juntos, ven…
Flotemos entre nubes,
que ya en marcha se van sumando deseos.
Ya veo que te has quedado quieta
y mis manos silenciosas ponen en alerta tu cuerpo,
descendiendo poco a poco, recorriéndolo despacio,
para quitar toda tu piel del encierro,
soltando algunos botones, liberándote los senos,
que se hamacan al fin libres, para recibir mis besos
que van trepando muy lentos hasta llegar a tu cuello,
para sumergirse luego en la humedad de tu boca,
para saciarse…Sediento.

Mientras exploro el contorno de esos dos labios de fuego,
que saben a miel y brasa, donde me mojo y me quemo,
luego fingiendo llenarte y penetrar ese hueco,
como será penetrado mas adelante tu cuerpo.
Sientes amor ya mis manos temblorosas
bajan el ultimo baluarte, el que escondía el deseo,
y mientras mis ojos van recorriendo desde la raíz del pelo
hasta clavar la mirada donde se enciende mi fuego.

No suspires, aun no…
me gusta tanto mirar la desnudez de tu cuerpo,
como a ti que yo te admire, no suspires, aun no,
resérvalos para mis besos que ya suben por tu piel
que ya bajan por tu cuerpo hasta llegar al lugar,
a ese destino cierto, ay amor, te he descubierto,
y te mueves y me acunas, te acaricio y te siento
como entre suspiros dices si es tu humedad la que quiero,
si amor, ¿acaso no ves mis labios sedientos?
Quiero beber de tu fuente, ¡es mía!
porque yo la he descubierto,
dame amor…¡Ay amor como te siento!
Ya llegamos, el fin del viaje ya es nuestro,
tu mi colchón yo tu abrigo con mis manos en tu cuerpo,
ya puedes desmayar amor…Sientes…
Tu y yo, un solo cuerpo.

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Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

Perdona amor

Perdona flor,

si mi torpe mano lastimó tu espina,

y con destello de relámpago

de rojo sangre vestí tu tallo.

Perdona amor,

ya mis palabras doblaran la esquina,

porque hacen daño si las digo,

pero mas daño hacen si las callo.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

Pintura

Estabas tan concentrada en tu tarea, que no te percataste como te miraba.
Como admiraba tus dedos llevando el pincel de la paleta al lienzo, dando vida al paisaje que tu mirada descubría, llenándote de satisfacción que iluminaba tu cara.
Y el reloj se había detenido, mientras el río se volvía azul, los pinos verdes en el ocre terreno, y a lo lejos, unas montañas bañadas de blanca nieve, se perdían en el horizonte de la esperanza.
Fué en ese preciso momento, que sentí la necesidad que mi cuerpo sea tu lienzo, donde tus dedos, con pinceladas de caricias, dieran color, al paisaje de mi alma.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

La sombra

Las gotas de lluvia refrescaban mi cara, y yo caminaba entre ellas, sin prisa, gozando sus caricias, sintiendo en mis oídos la sinfonía de clok clok en los charcos.
Casi sin darme cuenta, me fue invadiendo la extraña sensación de no estar solo, detuve la marcha, encendí un cigarrillo, y pregunte sin querer preguntar…¿Quién es?.
-Yo, fue la respuesta….Yo, tu sombra…
-¿Mi sombra?…¿y que quieres?.
-Nada, solo te extrañaba…
-¿Me extrañabas?, ¿a mí?…
-Si, hace tiempo que no me notas a tu lado…yo juego contigo, escondiéndome en las paredes, estirándome, o deformando tus formas, recuerdas…Como cuando niño y con tus manos jugabas conmigo…Haciendo imágenes en la pared…¡Era tan feliz!.
-¿Y ahora no lo eres?.
-No…No te tengo más…Pero aún te amo.
Seguí caminando, y cuando salí de mis pensamientos, estaba frente a tu casa.
Esa casa…Tan conocida y tan lejana.
El impulso aquél me dominó, llame al portero eléctrico, dos veces, como antes, y tu voz, esa voz tan amada preguntó, ¿quien es?.
Dudé, un instante, y después solo pude decir, soy yo……..¡TU SOMBRA!.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

¡Mi mundo cambió!

Con la serenidad de aquél que no necesita nada, mis horas transcurrían con una plácida calma pocas veces interrumpida por algún que otro movimiento en mi cuerpo que hacía aumentar mi comodidad.
No tenía ninguna duda, ¡era feliz!, y poco importaba aquella penumbra que mis ojos percibían de tanto en tanto, o que mi mundo se limitara a lo que me rodeaba, ¿para qué querer conocer lo desconocido si quizás no me daría las sensaciones que podía disfrutar ahora?.
Así, entre dormitar y despertarme corría el tiempo, y aunque parecía que este bienestar sería eterno, algo que no podía precisar rompía esa dulce monotonía y comenzaba a hacerme sentir una extraña sensación. Poco tardé en darme cuenta que mi mundo estaba cambiando.
Los movimientos que antes me acomodaban, se producían más seguidos y ya comenzaban a molestarme, produciendo un estremecimiento en todo mi ser.
Sin saber como detener el caos que afectaba mi mundo perfecto, solo me quedaba esperar a que todo pasara, respirando aliviado al retornar a mí la calma.
Pero mis temores no eran infundados, aquel día los movimientos eran más fuertes que de costumbre, y más seguidos que otras veces, hasta que sentí que algo se había roto, y por allí se escapaba mi felicidad.
Traté de ir tras ella, pero algo me retenía en el mismo lugar, y las paredes de mi mundo comenzaban a apretarme más y más, ¡sentía miedo!, después un fuerte empujón me arrojó no sé hacia donde…
Una luz brillante me impedía abrir los ojos, y una sensación de ahogo hacía que mis pulmones parecieran estallar, entonces un fuerte chasquido me hizo toser, y grité…
Ahora ya todo era inevitable…¡Había nacido!.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

Cuando la luna sea azul

De pequeño, mi madre, con esa sabiduría adquirida quién sabe de donde, cada vez que le hacia un imperioso reclamo, de esos que nos tienen acostumbrados los niños, ¡Cuando me compras la bicicleta!…Mamá…¿Cuándo?, ¿y cuando?…Ella con su paciencia me replicaba, cuando la luna sea azul.y entre pedidos y replicas, pasaba el tiempo.
¡Cuando la luna sea azul!, como olvidarlo, si la inocencia hacia que por las noches me pasara mirando el cielo…Esperando que la luna sea azul.
Pero el tiempo avanzó inexorable, y el niño se fue haciendo hombre, y pasó la edad de la adolescencia, y llegó la madurez, y poco a poco, aquella frase fue quedando en el olvido, ya que la famosa luna azul nunca había llegado.
Luego las obligaciones, el trabajo, el matrimonio, poco a poco hicieron que dejara de mirar el cielo por las noches, ya que no vería nada nuevo, y mucho menos una luna azul.
Pero, como siempre hay un pero, un día aquel niño se transformó en padre, y te aseguro que desde que llegaste tu, hijo mío, cada vez que levanto mi vista al cielo me parece ver la luna de color…Azul.
Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

La campana

Sobre la torre, que se elevaba altiva al cielo, se podía ver, una hermosa campana dorada, con artísticas filigranas, hechas por las manos de algún orfebre amante de su oficio, y su sonido tan plañidero, que penetraba hasta el alma de los habitantes del lugar, y era su orgullo.
El campanero, hombre simple y callado, cumplía su misión, sin fallar, tirando del largo cordel, que unía sus manos con el maravilloso sonido.
Un día, decidió subir a lo alto, ya que las aves habían llenado de nidos la misma, para ver, que nada entorpeciera su trabajo, y así, peldaño a peldaño, llegó hasta allí, y comenzó a revisar, cuando la brisa que acunaba la campana, le trajo el susurro de una voz, tenue que decía….ay soy TANnnnn hermosa…mi sonido es TANnnnn maravilloso,..soy TANnnnnnnn…y al instante comprendió, que la campana había enfermado de orgullo.
Decidió dar una lección a la orgullosa, y acercándola, quitó de su interior el grueso y tosco badajo, y con él, descendió.-
Al día siguiente, los habitantes comenzaron a extrañar el sonido habitual, y dejando sus tareas, se fueron reuniendo al pié de la torre, y llamaron al campanero, diciendo que era él culpable de aquel silencio.
Cuando todos se encontraban allí, el hombre salió con la tosca pieza en la mano, y dijo a los que se habían reunido, mirando moverse la campana, sin que brotara sonido…
-ven este tosco trozo de metal, rústico y sin belleza aparente, éste es el artífice de arrancar los sonidos maravillosos, pero su vista, solo estaba en la campana, y como enfermó de orgullo, decidí curarla, y diciendo esto, de nuevo subió con la imprescindible pieza, para ponerla en si sitio, ante el silencio de todos.
Como le pasó a esa campana, así le pasa también a los hombres, que creen ser únicos y maravillosos, cuando en realidad, detrás de ellos, siempre hay alguien, que no tiene generalmente su belleza, pero que los dota, del maravilloso don de vivir.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

Detrás de la mirada

¿Quien pudiera adivinar que se esconde detrás de una mirada?, quizás si yo lo pudiera hacer sería hermoso, y llegar a descubrir detrás de ella los mundos llenos de pensamientos que se esconden tras unas pupilas.
Sentir las penas y alegrías ajenas como propias, vivirlo simplemente tan solo por el simple hecho de mirarme en unos ojos. Pero por sobre todo, poder mirarme en tus ojos, y que dejaras que lo haga, que desearas que la mágica sensación de compartir fuera una realidad.
¿Que te esperaba?, no lo dudes.
¿Que esto que siento se llama amor?, también lo ignoro, no sé, ¿acaso hay alguien que lo sepa?. Dímelo tu, ¿acaso sabes la respuesta?.
He caminado mucho, y aprendido más, y solo entiendo que cada vez sé menos, que mis pasos se van volviendo lentos, porque miro las cosas con más atención que antes, quizás porque vea las cosas que otros no ven, o por algo mucho más simple, porque te espero, y te busco en las cosas cotidianas, y poco a poco, voy encontrando las huellas que dejaste en ellas, por eso mantengo mis ojos abiertos, como si fueran una ventana a mi alma, esperando que alguna vez, por ellas, entre tu mirada.
Porque detrás de tu mirada, siempre me hallaras a mí, en silencio… ¡Amándote!.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

La gata

Venida quién sabe de donde, o por qué, un día, como salida de la nada, apareció en mi casa una pequeña gata negra, y se instaló en ella sin esperar a tener mi permiso.
De largos pelos, y ojos vivaces, fue, con sus actitudes cariñosas, ganándose un lugar en mi vida, a tal punto que llegó a límites tan insospechados, como el de dormir en los pies de mi cama.
Mi peludo despertador mañanero, parecía conocer mis horarios, y me despertaba jugando, esperando que la tomara entre mis manos y la acariciara agradecido.
Era ella la que esperaba mi regreso, y la silente compañía de mis noches de desvelos, y yo, agradecido que comparta mi soledad, la dejaba trepar, y fingiendo que me molestaba su ronroneo, me hacía rogar las caricias que después entregaba a su negro pelo.
Una noche que regresé a casa más tarde que de costumbre, me llamó la atención que no estuviera esperándome, pero pensé que debía de haber salido por la ventana que, prudentemente no olvidaba dejar abierta.
Esperé largo rato leyendo, y cuando me aprestaba a dormir, unos maullidos lastimeros me hicieron saltar de la cama.
Allí estaba mi gata, herida y llena de magullones, se había aventurado a conocer el mundo, y éste, la había tratado con la agresión que lo caracteriza.
Le prodigué mis mejores cuidados, y cuando partí por la mañana me pareció que se sentía mejor.
Ese día regresé temprano, pero por más que busqué por todos lados, mi gata no estaba, se había ido, y con el paso de las horas comprendí que por su amor hacia mí se fue a morir lejos, evitándome así la dolorosa tarea de sepultarla.
Hoy ya ha pasado mucho tiempo desde aquello, mi gata es solo el recuerdo que guardo de alguien que me amó, pero aún pienso en el ejemplo que nos dan los animales, a nosotros, los seres humanos, ya que ellos, antes de dar un dolor a quién aman, prefieren irse lejos.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

El juicio

El estado febril que me tenía postrado en la cama, producto del invierno, me hacía pasar, del estado de vigilia a un estado de somnolencia, según bajara o subiera la fiebre.
Sueños incoherentes, desconectados de la realidad, se sucedían sin pausa, dejando apenas un vago recuerdo en mi maltratado cerebro.
Una y otra vez los párpados se me cerraban por más esfuerzo que hiciera en mantenerlos abiertos, hasta que de pronto, una serenidad poco conocida se apoderó de todo mi ser, y al abrir nuevamente los ojos, sentí que mi cuerpo ya no tenía peso, y estaba, como suspendido en el aire, mirándome a mi mismo tendido en la cama, como si durmiera plácidamente.
Permanecí en ese estado, con la extrañeza que despertaba en mí el momento, hasta que me sentí jalado hacia arriba por una extraña fuerza, a la cual no podía oponerme.
Sin temor alguno, y a una velocidad vertiginosa, entré en una especie de túnel, en el qué, pese a ser luminoso, se destacaba en el fondo, una mucho más brillante claridad, pero la cual, con su resplandor no agredía para nada mis sentidos.
Al llegar el final de ese rápido viaje, la luminosidad se transformó en un horizonte claro, pero sin sol, y yo sentí que caminaba por un mullido colchón verde, aunque no de césped.
Así, de repente, me vi rodeado de gente que yo no conocía, que solos, o en grupos, caminaban hacia un edificio al cual entraban pausadamente.
También yo encaminé mis pasos hacia allí, y al llegar a su entrada, un anciano, de aspecto bonachón, que parecía ser del lugar dialogaba brevemente con todos, y decidí averiguar que me estaba sucediendo.
-Anciano, ¿podría decirme que es este edificio?.
-El tribunal, me respondió sin levantar la vista.
-¿Qué tribunal?…insistí.
-El que juzga los actos humanos, fue la respuesta…
Ahora sí que estaba totalmente confundido, ¿es que acaso así era la muerte?.
-No, respondió el anciano, como si hubiera leído mis pensamientos…
-¿Entonces?, volví a preguntar al anciano.
-Eso lo decidirá el Tribunal, y esas fueron las últimas palabras que me dijo, antes de incorporarse y entrar al edificio.
Permanecí ordenando mis ideas, y luego de unos instantes, y al notar que solo yo estaba fuera, sabiendo que no estaba muerto, entré en aquel extraño lugar.
Era un espacioso ambiente, en cuyo fondo se destacaba una especie de escritorio, rodeado de personas vestidas todas de igual manera, y cual sería mi sorpresa al ver sentado en el escritorio el anciano de la puerta.
Una especie de secretario nombraba a las personas presentes, y una a una se acercaban al escritorio, pero al no poder oír lo que allí sucedía poco a poco me fui acercando para escuchar mejor, esperando yo también mi turno.
Fulano de tal, decía el supuesto secretario, y agregaba, abogado…
y a coro los que rodeaban al anciano decían, al infierno, por sus culpas ¡al infierno!.
-Mengano de cual, nuevamente decía el secretario, agregando, político…, y otra vez el coro, ¡al infierno!.
Y así se fue repitiendo la escena una y otra vez, desfilando por allí, sacerdotes, médicos, y toda clase de personas, hasta que de repente me sentí empujado hacia delante al escuchar mi nombre, y alcancé a oír, ¡escritor!…
Perdí el sentido del tiempo, y sin saber cuál había sido mi sentencia otra vez me vi en el túnel del comienzo, pero esta vez de regreso.
Unos fuertes empujones me consiguieron despertar, y sentándome en la cama, comencé a recorrer con la vista el lugar, pero no había ni rastro del paraje donde había estado…nada de la dorada luz, nada del anciano de severo gesto y ojos serenos, nada de aquel juicio al que había sido sometido.
En pocos días la fiebre había desaparecido, y retornaba a mi rutina habitual de buscar personajes para mis cuentos, asumiendo las personalidades de todos aquellos que recordaba, habían sido juzgados en el tribunal de mi enfermedad, con sus aciertos y sus errores, con sus acciones y culpas, pero lo que sí tenía muy claro en mi corazón era que yo había recibido la más dura de las sentencias…¡me habían condenado a seguir siendo escritor!.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

Cartas a un hijo y un padre

Los escritores solemos acumular papeles, cuadernos, apuntes, y toda suerte de artículos, en un perfecto desorden que nosotros solos entendemos.-
Cada tanto, cansados de ver tantas cosas amontonadas, sentimos añoranza por la prolijidad, y se nos da por sacudir el polvo y hacer limpieza, tal como sucedió aquel día.
Repasando cada una de las carpetas, revivía mentalmente por qué había guardado cada cosa, y como sucede a menudo, había tirado menos de lo supuesto, guardando nuevamente casi todo, la cuál demostraba lo inútil de tal esfuerzo.
Pese a haber descubierto este hecho tan conocido, continuaba en la tarea, cuando encontré aquel viejo sobre de papel madera, con dos cartas dentro, y mi memoria comenzó a trabajar tratando de recordar cuándo había llegado a mi poder.
Poco a poco fui rememorando y vino a mi mente la imagen de un hombre que, ya ni recuerdo cuanto tiempo había pasado, se acercó, con el viejo abrigo sobre los hombros, y me pidió que en alguno de mis cuentos incorporara el contenido de los sobres, cosa que nunca había hecho.
Me sentí en deuda con aquél personaje, y como pagándola, tomé los dos sobres, y dejando todo de lado, luego de leerlos comencé a escribir.

Carta a un hijo.
Parece mentira, hijo, que después de tanto, o tan poco tiempo de estar juntos, tenga la necesidad de confesarte algo.
Por vos, aprendí a desvelarme esperando tu llegada, y cuando lo hiciste, mecía la cuna para que durmieras en paz.
Sufrí con vos las caídas al dar tus primeros pasos, y con vos volví al colegio cuando fuiste, y después, pasé noches enteras esperando tu regreso a casa, cuando tu juventud te llevó a copiar mis viejas salidas olvidadas.
Cuando sufrías, yo sufría contigo, tus alegrías eran las mías, aunque nada te dijera, y cuándo te enamoraste, yo reverdecí junto a vos, y hoy, una nueva enseñanza me das, con la llegada del primer nieto.
Por todo lo aprendido, hijo, gracias.

Carta a un padre.
Prototipo de inmigrante peninsular repatriado, pese a los años transcurridos, no habías perdido el acento de tu tierra.
Admiraba para mis adentro la sabiduría de tu falta de cultura, amasada a fuerza de vivir, y sin decirte nada trataba de ser como vos.
Duro para el trabajo, eras como un roble que soportaba de pié los embates de la vida.
Pero el paso del tiempo, como la gota que orada la piedra, te fue dañando, y, como el roble que parecías ser, y solo cae a golpes de hacha, vos también caíste, y cuando te tocó jugar tu mala mano con la vida y te tocó perder, te marchaste apretando mis manos, sin una palabra.
Quiero que sepas, donde quiera que estés, que soy tal cual eras, como vos, un roble al que están hachando, y cuando me toque jugar y perder mi última mano, iré a encontrarte, pero mientras tanto quiero decirte, que te extraño mi viejo…

Como podía yo escribir un cuento con el contenido de esos dos sobres, si tenía envidia del autor de esas cartas, y con ellas ese cuento ya lo había escrito la vida.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

Cita a ciegas

En una de mis largas caminatas, descubrí aquel pequeño café, discreto y pulcro, y lo atesoré como uno de mis mejores descubrimientos, por lo que lo consideré que ningún lugar mejor que ese para ser testigo de aquella cita.-
Aquella cita, esa que llegó casi de casualidad, como el pequeño café, impensadamente, fruto de aquellas palabras en el chat…Nos llevamos tan bien, me gustaría conocerte.
Fue como un ramalazo, que me puso frente a esta realidad cibernética que nos toca vivir, tenemos conversaciones que casi tocan lo íntimo, y no nos hemos visto nunca.
La idea me resultaba atrayente, pero no forcé su concreción, dejaba evolucionar los momentos con aquella mujer, gratos momentos, y parece mentira, sin rostro, pero tan conocida.
- ¿…no tienes curiosidad de saber como soy?, y ella parecía adivinar mis pensamientos, si, lo deseaba, pero, ¿como me imaginaría ella?.
Así, sin apuros ni insistencias, al fin quedamos en encontrarnos en mi lugar favorito…ya tenía una cita a ciegas.
Llegué mucho más temprano que la hora acordada, y mientras la taza de café rodaba entre mis manos, pensaba, habría hecho bien?, y si la perdía, me agradaba estar con ella, mucho, y parecía que a ella también estar conmigo, ¿pero como seria la realidad ?.
Este encuentro no sería como los otros y sentía algún recóndito temor, cosa que no me sucedía en los que frecuentábamos tener en el salón del chat.
No dejaba de mirar hacia la puerta, y a la hora acordada ésta se abrió para dejar paso a una figura femenina, no muy alta, de cortos cabellos castaños, y ojos color miel …bonita pensé, mas de lo que imaginaba.
Con una rápida mirada recorrió el lugar, descubriéndome en el rincón junto a la ventana, cosa que no fue difícil, ya que era el único cliente allí.
Se encaminó hacia mi, y yo me paré para recibirla, tomando su abrigo mientras decía…hola, siéntate, ¿que deseas tomar?.
-Lo sabes, café…y mientras me alejaba de ella para hacer el pedido, sentí dos puñales clavados en mi espalda.
Al regresar a la mesa, sinceramente, no sabía por donde comenzar, y como un adolescente dije, ¿como te encuentras?, y me arrepentí de inmediato de mi torpeza…
-yo, muy bien, ¿y tu?…efectivamente, así no avanzaríamos en la relación por lo que decidí tomar la iniciativa.
-¿Desilusionada?.
-no…no…
-Ummm, ese no…creías que era, como decirte…menos maduro?.
-Si, …no, no, perdón, no, bueno…y una sonrisa afloró en mis labios al ver ruborizarse ese hermoso rostro.
Como decirle que había tratado de evitar aquella cita…que no quería perderla.
A partir de allí, la conversación se fue normalizando, hasta llegar a ser como siempre, casi como siempre, y que rápido corrían las agujas del reloj al lado de esa mujer, que a prisa volaba el tiempo…Y no se había agotado la charla, cuando surgió lo inevitable.
-Cuéntame, ¿te encuentras enamorado?… Mire sus ojos y le respondí…¿Y tu?.
-Según tu concepto que el verdadero amor es el que te ha besado los ojos…no, si es así, nunca lo he vivido…
Se produjo un silencio en el que cada uno de nosotros volvimos a nuestros personales recuerdos, y yo no quería eso…
-¿que te parece?…¿caminamos un rato?.
-Me encanta dijo poniéndose de pie.
Me puse de pié junto a ella sosteniendo su abrigo, mientras hacía un esfuerzo tremendo para no tomarla en mis brazos…y besarle los ojos.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

Aviso clasificado

Cuantas veces hemos recorrido las páginas de los avisos clasificados en los diarios, seguro que muchas veces, y siempre que las hojeo no puedo evitar pensar en las miles de historias que se esconden en quienes leen estas páginas.
Alguien que busca algo, u otro que vende algo, alguien que miente, o aquel otro que se vende a si mismo, promesas de bienestar, o de soluciones mágicas a los problemas humanos, miles de historias…Y claro, como resistirme a publicar algo en esas páginas, por eso me encaminé a la oficina de recepción de avisos, entré en ella como un magnate, y al ser atendido con la robótica sonrisa de la empleada le extendí el formulario con el texto que deseaba se leyera en la próxima edición matutina.
No olvidaré jamás la cara de asombro de la joven señorita al leer, en el papel que le había alcanzado con mi aviso, que simplemente decía así…

Se necesita persona feliz.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 24 Febrero 2009

El arma

Yo no sé si lo soñé, o me lo contaron, pero lo que no deja lugar a dudas, a juzgar por los resultados es que la historia cuenta la verdad.
Dice la misma, que estando Dios meditando luego de ver su obra, se le ocurrió crear al hombre, y etc., etc., pero lo que no relataron fue lo que pasó después, y aquí les voy a contar…
El hombre, una vez creado, habló a su padre con la mirada diciéndole con ella…
_Padre, para qué quiero la vida que me diste, si no puedo moverme, y recorrer el mundo maravilloso que hiciste para mí.
Y el Creador, comprendiendo que su hijo tenía razón, y lo justo de su reclamo, le dio piernas para que se moviera.
-Pero padre, …nuevamente le dijo el hombre con la mirada aún lastimera…para qué quiero las piernas y recorrer el mundo, si no puedo tocar las cosas que hay en él, o proveerme el alimento… Y deseando Dios satisfacer en todo a su hijo, le dio brazos y manos con que asir los elementos del mundo, agregando, antes que su hijo se lo pidiera, una compañera para que no esté solo, árboles con frutos, flores de mil colores, y animales que poblaron los mares y la tierra.
Estaba por retirarse, y dejar a su hijo disfrutar de todo lo que había echo para él, cuando nuevamente sintió la mirada de su hijo reclamándole algo, se dio vuelta y dijo…
-Te he dado todo lo que me has pedido, y más, no agotes mi paciencia, que aunque infinita tiene un límite, ¡ qué más deseas ahora !.-
-Padre,dijo el hombre con la mirada más suplicante que nunca…te agradezco todo lo que me has dado, pero no te retires dejándome indefenso en el mundo, ¡ dame un arma !.
Se quedó Dios meditando en silencio sobre el pedido de su hijo, y luego de unos instantes, señalando al hombre hizo resonar estas palabras…
-A partir de ahora te doy el arma más poderosa, pero también es la más dañina que existe…y luego de decir esto se retiró.
A partir de ese mismo instante, EL HOMBRE COMENZO A HABLAR.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 22 Febrero 2009

Contagio

No sé por qué razón ese día, y pese a estar bastante contrariado por las permanentes discusiones con mi pareja, presté atención a la figura delgada de ese hombre, que todos los días se acercaba hasta el local para pedir se le diera un cigarrillo.
De más o menos unos cuarenta y tantos años mal llevados, de ropas gastadas, aunque limpias, barba rala y ojos húmedos, era el blanco de las burlas cotidianas.
-¿Y profesor, que números jugamos hoy?.
Esa pregunta, sabíamos, actuaba como el disparador de las burlas, y de respuesta ya conocida.
-Cincuenta, doce, dieciocho, decía el hombre.
–Pero profesor, lo mismo dice todos los días…
–Cincuenta, doce, dieciocho, ¿me dan un cigarrillo?…él reiteraba una y otra vez la respuesta.
Y broma tras broma, siempre igual, las burlas no cesaban hasta que algún caritativo le daba el tan ansiado cigarrillo.
Decidí ser yo el que cortara la espera del hombre aquél, y con un gesto le indiqué que se acercara.
-Quiero que te quedes con todo, es para vos, dije, dándole la cajetilla completa de cigarrillos.
Me miró, y como respuesta recibí el consabido, cincuenta, doce, dieciocho, pero antes de alejarse, algo pareció encenderse en sus ojos, y señalando hacia mí dijo…gracias, pero ella no contesta.
Y se alejó con su preciosa carga.
Quedé un largo rato meditando sobre las palabras que había agregado ese día el hombre, y de pronto todo se había aclarado en mi mente, como si un velo se desgarrase dejando ver la verdad sobre él…
Cincuenta, doce, dieciocho, debía ser el número de teléfono al que había llamado con infinita insistencia, sin obtener respuesta, y aquel pobre hombre había enloquecido, por no ser perdonado, o por no saber perdonar, llevándose el amor perdido su cordura.
No podía dejar de pensar en esto, y una inquietud comenzaba a apoderarse de mí, tomé el teléfono y comencé a insistir en una llamada.
La campanilla se quedaba repiqueteando en mis oídos, pero no obtenía la respuesta esperada. Colgué el auricular, y con un temor creciente, ya que yo también debía perdonar y ser perdonado, casi sin darme cuenta, me había contagiado.
Y mis labios, obedeciendo al corazón y no a la mente, comenzaron a balbucear con amor…tu número de teléfono.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 22 Febrero 2009

El gorrión

Una de esas tranquilas y serena tardes de otoño, estaba yo en la puerta de casa, disfrutando el tibio sol que bañaba mi rostro y mis pensamientos, cuando comencé a observar a un grupo de gorriones, que con sus saltos parecían juguetear como niños en recreo.
De repente uno de ellos se separó del grupo, y comenzó a levantar vuelo, alto, muy alto, hasta que se perdió de mi vista en las alturas.
Aquello era un hecho poco común, y visto por primera vez por mí, por lo que quedé pendiente de ver los resultados de tal fenómeno.
A los pocos segundos, se sintió un breve ruido, y el pobre gorrión cayó desde lo alto con su cerebro destrozado, quedando tendido en la vereda.
Comprendí que esa era la forma en que se suicidaban los pájaros, pero también logré entender en ese instante, que, hay hombres en nuestra sociedad, a los cuales se les destroza el cerebro y el corazón, como a aquel gorrión, cuando suben de status, más alto de lo que su naturaleza les permite.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 22 Febrero 2009

Génesis 14-2

El hombre, con sus hábitos adquiridos en el transcurrir de sus días, va paso a paso, moldeando su naturaleza, y en mi caso particular, el hábito de leer cuanto cayera en mis manos había transformado la mía en un depredador de las más inverosímiles lecturas, y sin perjuicio de que los temas fueran de los más variados, no solo me interesaba el texto en sí, sino también la fuente en que el autor había urdido su trama.
Por esta afición a la lectura, y siempre que el tirano tiempo me permitía distraer algunos minutos de la tarea cotidiana y saludable de ganar el sustento, yo acostumbraba a visitar la zona de negocios, tan común en las ciudades americanas, donde los libros se apilan en un impredecible amasijo de colores y tamaños, que aplastaban bajo su peso, las palabras y los sueños de hombres que habían tenido el coraje de perpetuarlos en el papel, vaya a saber a costa de que sacrificio, y como la experiencia me había enseñado, seleccioné varios de ellos para esconder el que realmente había llamado mi atención, ya que sabía que el precio subía, según el interés del comprador.
El que me había llamado la atención era uno pequeño, cosa que poco me importaba ya que había aprendido hacia tiempo que no por tener muchas paginas un libro es interesante.
Quizás se haya escapado de la memoria el total de las palabras leídas en él, pero quedaba aún, como apretada síntesis aquello que el libro contaba así…
” No es bueno que el hombre esté solo, le daré una compañera para que lo ayude…”
GENESIS 14-2

…y así comenzaron los problemas del hombre.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

Dices por allí

Sé que dices por allí que eres mi dueña,
que no sabes ni porqué estás a mi lado,
que tan solo soy un tonto que te sueña,
al que solo en un segundo has olvidado.

Sé que dices por allí a tus amigas,
que resulto un juguete muy barato,
ten cuidado desde hoy con lo que digas,
hasta un perro se cansa del mal trato.

Se que dices por allí, y dejo digas,
que sin ti me romperia en mil pedazos,
pero solo yo sé cuanto palpitas,
cuando buscas el refugio de mis brazos.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

La furia

Desde hacia ya quince días, la lluvia caía intermitentemente, y si esto era molesto en la ciudad, mas daño provocaba en los campos donde las cosechas podrían perderse.
El sol parecía haber olvidado brillar para nosotros, y el cielo normalmente azul-celeste, se había vestido de un triste gris plomizo.
No había podido por más tiempo postergar mi viaje al sur, por lo que decidí preparar el automóvil, y partir, con un alerta meteorológico casi permanente, y así, fui dejando atrás la ciudad, y los centros urbanos se fueron paulatinamente distanciando, para dar paso a las parcelas sembradas, por kilómetros y kilómetros.
Al cabo de horas de conducir, la cinta de plata de la carretera, y el poco tráfico que circulaba ya hacía tedioso el viaje, por lo que decidí hacer un alto y estirar las piernas después de cruzar el puente sobre el río, en la arboleda que se divisaba a lo lejos.
Mi mirada recorría los campos que había dejado atrás, tratando de recordar, como se veían, bañados por el sol, y no como lo apreciaba en ese momento, anegados por la lluvia, y con una apenas perceptible marejada provocada por los vientos.
Millones de litros de agua, la naturaleza había dejado estacionar en ellos, con apariencia de mansedumbre, y el aroma que se percibía ya no era ese preciado olor a tierra mojada.
Cuando estaba por regresar al vehículo para continuar la marcha, me pareció escuchar como el crujir de ramas al romperse, y de improviso, pude apreciar, que toda esa masa de agua casi inmóvil, y sin motivo aparente, se había puesto en movimiento, y a su paso se doblaban las plantas de maíz, como si las planchara una topadora, dejando un panorama de desolación, y arrasando como con furia, todo lo que oponía a su avance, siguiendo rumbo a quién sabe donde. Inmóvil por el espectáculo, mi primer pensamiento fue de pena por esos agricultores que veían así destruido su esfuerzo, pero de pronto sentí que la naturaleza me estaba dando un ejemplo aún mucho más importante, y este era, que como el agua quieta es la furia de los mansos, que, cuando algún motivo la desata, destruye todo lo que se le opone.
Lentamente subí al automóvil, y seguí mi camino, con la convicción, de que la furia de los hombres duerme, por favor, ¡no la despierten!.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

La carta

Cuándo mis tareas habituales me dejaban tomar unos minutos de descanso en el duro trajín de tener que dedicar la mayor parte del día al trabajo, se me había hecho costumbre detenerme en un pequeño recodo del parque que estaba frente a las oficinas, donde había un viejo banco.
Tenía afecto por ese banco, rodeado de verdes árboles, y quizás por eso, me sentí molesto al llegar a él ese día, y ver, que un montón de papeles arrugados se encontraban abandonados sobre su blancura de mármol.
¡Estos estudiantes!, pensé, siempre dejando todo tirado, y con el diario que llevaba en la mano, limpié la superficie de mi banco favorito, arrojando los papeles al suelo.
Más por hábito que por necesidad de información, comencé a recorrer, sin detenerme en nada en especial, la lectura del periódico, cuando una brisa que recorrió el lugar trajo, hasta mis zapatos, uno de aquellos papeles que minutos antes había arrojado al piso, y, al intentar alejarlo de mí, alcancé a leer…Amor mío…
Con la curiosidad que despierta el hecho de poder espiar en la vida de los demás sin ser descubierto, levanté el papel, y dejando de lado la lectura del diario, lo desarrugué, y leí…
Amor mío…quisiera poder decirte tantas cosas, todas aquellas cosas que siempre callé en tu presencia, porque no tenía el derecho de hacerlo.
Quisiera, por ejemplo, poder decirte que mi piel tiene memoria, y aquel roce casual de tus pechos contra mí, aún lo siento como si no te hubieses apartado nunca.
Decirte que es tan grande mi amor por ti, que prefiero condenarme al silencio, que pronunciar palabras que quizás no deseas escuchar, y me conformo solamente con saber que estas allí.
Que estoy triste si tú lo estás, y me siento solo si no compartes conmigo tu tristeza.
Mi amor por ti es tan diferente a los amores conocidos, que con el egoísmo propio de ellos, necesitan poseer al ser amado, y el mío solo necesita que sepas que me posees.
Mi amor es un amor que solo da, y no pide nada a cambio, solamente saber que eres feliz, aunque seas feliz sin mí.
He de alejarme de ti, pero te ruego no me extrañes, estaré a tu lado siempre y mi amor volverá a ti con cada flor que recibas, o con cada beso que te den al despertar a un nuevo día, y yo te enviaré mis besos en cada gota de lluvia que resbale por tu cabello, depositándolo en tu cara. Volveré a ti, en cada canto de un ave que escuches, y serás feliz porque mi amor así lo desea… Por siempre tuyo…
Doblé el papel arrugado, recogí mis cosas, y emprendí el regreso a mis tareas, sintiendo lo solos que nos quedamos cuando el amor, como esa carta, no había llegado a su destino.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

Fotografía

Has visto, amiga, la lluvia dibuja besos ausentes en tus mejillas, dando esa frescura de los años mozos a tu piel, y en mi, recuerdos…de paisajes idos y de tiempos perdidos, de ilusiones…también perdidas.
Te tengo frente a mí, con tu cara joven, y esa sonrisa imborrable, como si no hubieran pasado los años para ti.
En cambio yo, mírame amiga, solo el brillo de mis ojos se mantiene así, derramando mi lluvia en tu mejillas, y es que han grabado tantos caminos…buscándote.
Pero este paisaje nublado y amarillento ,tan amarillento como tu fotografía, llena mi alma de esta sensación, pegajosa y triste, llamada…melancolía.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

La jaula

Debido a un incendio que se había producido en la empresa que trabajaba, y teniendo en mi poder valores de la misma, fui a llevarselos al dueño, que pese a ser un amigo desde hacía años, yo mantenía una discreta distancia porque sabía que una cosa es la amistad, y otra los negocios. Conversando sobre lo sucedido, tomando café frente al ventanal que daba al jardín y la piscina, observábamos, unos jilgueros que revoloteaban entre las plantas.
Sin decir palabra, mi amigo se levantó, y tomando una de esas jaulas con una trampa en su parte superior, colocó dentro, en su parte inferior,un jilguero que sacó de un gran jaulón salió al jardín acomodándola en un lugar estratégico, luego de poner comida.
El jilguero preso actuaba como llamador, de los que libres, revoloteaban mirando la comida puesta, hasta que uno de ellos se metió dentro a picotearla.
Yo en silencio observaba, deseando en el fondo de mi corazón que la trampa fallara, pero no fue así y quedó irremediablemente preso.
Con una sonrisa, él se levanto, tomo la jaula, y vació la misma, dentro del jaulón, que aumento así la cantidad de prisioneros.
Nada dije en ese momento, pero en mi interior un pensamiento crecía, casi hasta transformarse en un ruego, y era, que jamás, jamás, para satisfacer alguna de mis necesidades, pudiera quedar, como aquél jilguero, sin mi…¡libertad!.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

Las 4 y 15

Como poder describirte esta agitación que me invade, o la temperatura de la piel de mis manos…como decirte, en pocas palabras, como siento esta agridulce sensación…
Camino por mis conocidas calles y te descubro detrás de cada flor, donde te escondes coqueta, tras los aromas que me acerca el viento, y allá, en el cielo, donde me parece que las estrellas titilantes dan contorno a tu figura de mujer.
Por qué esta ansiedad que me domina, y me hace sentir que estoy detrás de ti, acariciándote, para reducir tus penas, y aumentar los deseos, esos, que se han despertado llenando de fantasías los sueños.
Sientes mis besos resbalando por tu cuello?, giras, y ellos buscan el refugio de tus pechos, que endurecen y se elevan, respondiendo al impulso placentero de sentirte tan amada, tan mujer, y tan deseada por estos locos deseos.
Y después al estar vivas, niña-mujer, esas células de fuego, que te dejes conducir en los brazos del amor, hasta el borde de tu lecho, y en suspiros consentir, ante tal requerimiento, ese que me guió a ti, hasta tu cuarto y tu tiempo.
Recorrer la geometría, esas curvas, desde el pelo, que se ha revuelto coqueto, y bajar por los contornos laterales de tu cuerpo, mientras tu cierras los ojos, para sentirte deseada, mas aun que lo supuesto.
¿Dejas hacer?, solo consiente el silencio, y algún que otro suspiro, aprobando un rumbo cierto, y ese camino recorro, poco a poco, beso a beso, y no opones resistencia, cuando acomodo la almohada elevándote hacia mi, para llenar tus entrañas y robar virginidades, no de muchacha ni sueño, sino esta, verdadera, que guardabas a tu dueño.
Y así, mejilla a mejilla, me quedo dentro de ti, quieto, y acariciando tus palmas, gozo así, de tu universo, saciando mi sed de ti, hasta quedar satisfecho.
Ya lo ves amor, así en mis horas te llevo, y de regreso a mi cama, siento en mi el sabor y aroma de tu piel, martillando en mis sentidos, y te pregunto mil veces, si es que alguna vez, mujer, te amaron como el que te ama…no, no respondas…yo te creo.
Las 4 y15 de la noche que por primera vez te soñé mía.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

El primer encuentro

El estridente sonido de los motores turbo de la mole que había tocado tierra, se fue apagando en un silbido, y luego de detenerse en la pista, los pasajeros comenzaron a descender por la escalerilla.-
Me esforzaba por detectar tu presencia, entre los que llegaban, y que en pequeños grupos, cumplían con los trámites de la aduana.-
De improviso te reconocí entre los turistas, y eras tal cual te había imaginado, con tu maleta rodando a tu costado, y buscando, con la mirada, a quien había prometido, tomar tu mano al llegar, y ese alguien era yo.-
La espera se me había hecho eterna, quizás por eso, el abrazo y el beso dado, parecieron tan cortos, y tomándote la mano con la mía, te guié al estacionamiento en busca del coche.-
Te conduje por la autopista, casi sin hablar, solo mirándote, y sonriendo por tu llegada, con el corazón palpitando de alegría…que tal el viaje?,¿comiste?, la verdad pensaba llevarte a comer asado, y parrillada…-
¿Parrillada? Que es eso?…y tu risa sonó a cascabeles en mis oídos…ya verás, dije, y enfile el coche hacia la avenida costanera.-
Ves, los restaurantes?…elige uno.-
- el primero…
- bien, fue la respuesta, y luego de estacionar, bajamos y entramos en él.-
- pasa…allí, con vista a mi río…dame tu abrigo.-
- toma…
Y nos acomodamos uno frente al otro, y tu vista trataba de llenarse de imágenes, y mis ojos de la tuya.-
El mozo, con la gentileza de presuponer una buena propina, había, preparado todo para nosotros, y anotó el pedido, bife de lomo, y parrillada, una botella de vino tinto, una de agua mineral, y papas fritas…
Sin dejar de mirarte el tiempo no parecía transcurrir, y al llegar el brasero con el pedido, de nuevo el cascabel de tu risa alegró mis oídos…huy…¿que es esto?.-
Ya lo ves, carne, chorizo, morcilla, chinchulines, mollejas, riñón, ubre, …
-Ubre?….y eso se come?, puaj…..jajajaja
Y reía contigo…
Cortabas en pedazos pequeños, y asentías con la cabeza saboreando cada bocado, y yo, casi sin hacerlo, solo te miraba…
Un poco más?
Y con una sonrisa dijiste, borra esas palabras que estabas por decir…si, quiero…y otra vez tu risa contagió la mía.-
Y así, con el tiempo detenido seguíamos, como pequeños disfrutando el momento.-Postre?…¿aún queda lugar?
-Siiiiiiii, que hay? y tomando la carta leías, charlot, postre, flan con dulce de leche y crema, cerezas al maraschino, arroz con leche…me encanta el dulce de leche…Bien, entonces…
-Sabes?, tus mejillas están encendidas, alejo el brasero?
-Ummm, creo que no es por el brasero…Ven, ponte el abrigo, vamos a conocer mi río…sube tu cuello, la brisa es fresca…y tomando tu mano, tan deseada, te conduje rumbo al río, y de allí, al muelle de pescadores…
-Ven, vamos hasta el final…y pequeñas olas del río color de león, golpeaban en los pilares, y en su extremo, un farol, hacia juguetear su luz, jugando escondidas en el oleaje.-
Mira, ese sol de invierno en el atardecer, y en el horizonte, una redonda y anaranjada esfera se sumergía, bañándose, allá, donde se juntan río y mar.-
Y un silencio lleno de alegría nos envolvió…con la alegría del encuentro de almas separadas por un inmenso océano, pero que habían sabido vencer las distancias en su afán de ser felices. Recuerdas, ………..yo sí.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

Viento

¿Recuerdas aquellos días de la niñez, como esperábamos el viento?.-
Ya no veo que los niños lo hagan como nosotros, pero ¿recuerdas?, ¿y la ceremonia previa?, buscar entre las cañas las apropiadas, cortarlas y unirlas con aquél hilo de algodón comprado con los ahorros, ¿y como era que lo llamaban?, recuerdo que el artificio tenía muchos nombres, creo qué…sí, lo recuerdo, pandorga, cometa, barrilete, creo que este último nombre era el que más me gustaba.-
¿Y las formas?, media bomba, estrella, galeón, según pegáramos el papel en los tensos hilos que habíamos atado, y recuerdo el papel, esos bonitos papeles de colores que pegábamos con aquél engrudo preparado con la harina pedida a nuestra madre y un poco de agua.-
También veo en mi mente como terminaba la ceremonia cuando colgábamos las tiras de finos trapos quitados a una pollera vieja, o a la corbata de papá que ya no usaba, y corríamos al descampado a esperar el viento.-
Cuando comenzaba a soplar, con una pequeña carrera, el barrilete levantaba vuelo sujeto al hilo de algodón que se terminaba en el ovillo, y la alegría subía tan alto, tan alto como las ilusiones.-
Y los gritos de algún otro niño…dale hilo que colea!!!.
Claro que no siempre la alegría era eterna, también recuerdo la tarde que se elevó el más grande y hermoso que había construido, y algún envidioso, con algo cortante puesto en la cola de su barrilete cortó mi hilo, y el mío se fue volando, muy alto, alto y lejos, tan lejos como los sueños.-
Claro que la niñez por más que pasen los años, seguirá necesitando que les llegue el viento, quizás hoy, el viento en forma de rapidez de respuesta en un ordenador, y las ilusiones remonten vuelo al navegar por internet, y también habrá un envidioso que le corte el hilo, metiendo un virus en su máquina, pero pese a todo, los niños seguirán siendo los niños, y crecerán como nosotros, y se volverán hombres niños, que contarán otras historias, pero que como nosotros, esperarán que para ellos sople el viento que haga levantar vuelo las ilusiones, y las lleve volando lejos, muy lejos…

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

Mala suerte

Eres mi poeta, dijiste,
provocando lejanía,
desde ese día soy triste,
que mala suerte la mía,
en lugar de ser tu amante,
debo escribirte poesía.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 20 Febrero 2009

Un momento más

La noche desvelada, como yo, un simple narrador de momentos, ya está agonizando. Los arreboles en el horizonte, y el canto de los pájaros, anuncian la llegada de una mañana más, o como en las mil y una noches, un cuento más, un momento más.

¿Cómo detener los recuerdos que se agolpan en el correr de la pluma sobre el papel?.
Momentos felices o no, siempre nos damos cuenta de cómo fueron después que han pasado, quedando solo el recuerdo de haber absorbido su luz. Experiencias, ¿cuáles?… ¿para qué sirven?… si en iguales circunstancias, jamás actuaremos de la misma manera, quizás porque somos humanos, ¿o acaso duele menos o más, la muerte de hoy que la de ayer, pese a que ya la habíamos vivido?. Me había puesto por un breve lapso, como el actor que sube a escena, la vida de otros, la piel de otros, que me fue prestada por “ momentos”, pero, a partir de ahora debo ser el autor de mi propio cuento, y te dejo mis últimas palabras…                                                                              

 Si comienzas a vivir, escucha, y aprende de lo que ves a tu alrededor.  Si estás caminando tu vida, comprende, que solo estás recorriendo tus “momentos”.  A mí me llegó la hora de descansar, y esperar con esperanza que llegue mi “momento”,  que siempre, pese a las espinas las rosas seguirán perfumando, y la luz de la mañana siempre alejará las tinieblas de la noche haciendo huir la oscuridad, ya que si me he destrozado en el camino de mi vida, sé que algún día alguien llegará para recoger mis pedazos.                                                   

Publicado por Victor Iglesias Gois | 19 Febrero 2009

Frio

Sacudí la cabeza tratando de alejar de mi mente los pensamientos que recurrentemente me abrumaban, y otra vez acostado e inmóvil, soportaba aquella sensación fría que recorría mi espalda.
Ya comenzaba a sentirla a diario, y era la causante de que no pudiera conciliar el sueño, lentamente me incorporé en la cama y busqué en la penumbra de la noche una cobija para echarme encima, aunque sabía que esa no sería la solución.
Otra vez más, y sin desearlo, mis pensamientos nuevamente me llevaron hacia ti, y recordé, que antes de perderte no sentía ese frío en mi espalda, antes, cuando no necesitaba más abrigo que el que me daba tu cuerpo, tu tibio cuerpo de mujer apretujado contra el mío.
Quise retenerte entre mis manos, pero ese deseo fue en vano, inútil, como es inútil tratar de contener agua en ellas, escapa poco a poco, como escapaste tu.
El agua, dejó en mis manos su humedad, y tu, este extraño frío.
De un manotazo tomé la manta que había percibido en la penumbra de mi habitación, abandonada sobre la silla al costado de mi cama, y la volqué casi como al descuido sobre mi, acurrucándome, como lo hacía antes contigo, pero de a poco, otra vez el frío me hacia tiritar.
Así, poco a poco fui cerrando mis ojos, descubriendo que desde que te fuiste, me había invadido esa sensación fría llamada soledad.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 19 Febrero 2009

Si la vida…

Si un rayo golpeara mi estructura,
y el trueno sacudiera a mi anclaje,
me verías cambiar de vestidura,
y seguir aún mas lleno de coraje.

Si la furia de algún mar avasallara,
a mi alma con la furia de su oleaje,
me verías luchar hasta que hallara,
la manera que no cobre su peaje.

Si la vida algún día me ofrendara,
el dolor de que te fueras alma mía,
no llenaré de lagrimas mi cara,
soy poeta, y escribo…. todavía.

Publicado por Victor Iglesias Gois | 18 Febrero 2009

In Memoriam.

Atrapado en el tiempo colindante,
solo se lo puede recorrer en un sentido,
no hay marcha atrás en esta ruta divagante,
solo la triste sensación de haber perdido.

Fueron tus últimos días monocromos,
se perdió aquella feliz policromía,
solo quedan en los campos los aromos,
y en un cajón un montón de poesía.

Va por ti este brindis con palabras,
en melancólica llovizna encerrada,
In memoriam de juventudes olvidadas,
compañeras de la mía… hoy enterrada.

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Publicado por Victor Iglesias Gois | 18 Febrero 2009

Mi espera.

En fin, no me resigno a pertenecer a esa minoría de humanos que nos sentimos diferentes a los demás, pero una y mil veces me han repetido, el mundo y tu no están de acuerdo y a fuerza de escucharlo, lo creí.
Aunque aquellos que me lo decían no estaban lejos de la realidad, ya que la diferencia está en no aceptar la broma que lastima, ni la agresión gratuita de nadie, pero por sobre todo diferente, porque no supe encontrarte.
No poseo la genialidad de los sinestésicos que ven los maravillosos colores de los sonidos, es más, casi podría decirse que soy un hombre simple, que realiza actos simples, y se conforma con buscarte de una manera simple, sentado aquí, frente al monitor, esperando descubrirte tras un nick que ingrese al sitio en que estoy conectado, deseando escribir tu nombre en el teclado, sintiendo que corre por mi piel y se anida en el corazón esa sensación llamada…¡esperanza!.